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Restaurante ABaC, así se come en un tres estrellas Michelin

Cómo empezar a contaros mi experiencia en el restaurante ABaC de Jordi Cruz… Sinceramente nunca imaginé que probaría un tres Estrellas Michelin, así que esta cena (regalo de cumpleaños de mi chico) fue una sorpresa increíble.

El Restaurante ABaC esta situado en el hotel de cinco estrellas con el mismo nombre, que ocupa una moderna casa a los pies de la carretera que sube al Tibidabo. Un barrio de Barcelona con marcado carácter burgués: enormes mansiones, torres antiguas y palacetes de la pudiente clase catalana.

El interior del restaurante es muy sobrio y elegante, las mesas se distribuyen en dos salones con grandes ventanales que dan a un bonito jardín. Todo sin estridencias ni elementos de lujo, la espectacularidad se la dejan a los platos y a la impresionante vajilla en la que los presentan.

El personal de sala, un encanto. Todos jovencísimos pero conscientes de que no trabajan en un restaurante cualquiera, su profesionalidad y educación eran impecables. Nos servían el plato a los dos a la vez, todo sincronizado para hacer coincidir nuestra expresión de sorpresa.

Empezamos la cena en cocina. Nos presentaron al equipo, nos enseñaron la zona de platos y la de postres y allí probamos los tres entrantes del menú. El primero era un cactus de lima, tequila y hojas verdes, que venía presentado en un cactus real! Había que cogerlo con cuidado y comerlo de un bocado, se desvanecía nada más llevarlo  la boca, dejando un sabor cítrico muy refrescante.

El segundo fue una interpretación del tradicional pan con tomate: un canutillo súper crujiente relleno de sofrito de tomate especiado y albahaca. Me encantó por su sabor intenso y su contraste entre el cremoso relleno y el crujiente exterior.

El tercer entrante fue un jugoso salmón gallego y yema curada con mantequilla de soja y texturas de alga nori, que se comía en un par de bocados. Y mientras terminábamos de saborearlo nos acompañaron a nuestra mesa, situada en una ventana que daba al jardín.

En la carta del Restaurante ABaC hay dos menús a elegir: el menú “ABac Nuestra Tradición” (155 €) y el menú “Gran ABac Nuestra Vanguardia” (185€). Nosotros elegimos el primer menú, porque el segundo tenía demasiados platos de carne y de pato, que son dos cosas que no me gustan.

Para acompañar la cena consultamos la carta de vinos, que tiene atención… ¡cerca de 1000 referencias! Había de todo, muchos con precios por encima de nuestras posibilidades, imaginaos lo que puede llegar a haber en una bodega tan enorme… Botellas que rozan e incluso alcanzan las 4 cifras.



Nos dejamos aconsejar y el sumiller acertó de pleno, nos sirvió un vino de mi tierra, un Albariño de las bodegas de Martín Codax llamado Organistrum, del que nunca había oído hablar. Un vino ligeramente afrutado y fresco, de muy baja acidez que nos encantó.

Empezaba una laaarga comida que se presentó con un blodymary en dos versiones: por un lado un macaron de blodymary y por el otro en su versión cóctel. Mientras lo preparaba, el camarero nos explicó que se elaboraba a partir del agua de tomate, no del jugo, por eso su color era amarillento y no rojo.

Tenía un toque notable de tabasco, pero que no molestaba ni enmascaraba el sabor. Y un detalle que me fijé fue que los hielos del cóctel estaban hechos con el mismo preparado, en vez de ser el habitual hielo de agua, para que al deshacerse por el calor no desvirtuase el sabor intenso del combinado. Un gran acierto.

Seguimos con esta mantequilla de avellana montada acompañada de caviar, que debías untar sobre unas finísimas láminas de pan. Un sabor y una textura inesperadas que hacían que esta mantequilla fuese un auténtico peligro, un vicio.

 

El siguiente plato fue esta interpretación de los calamares a la romana, donde los calamares se sirven picados muy finamente con una espuma de citronela. Muy suave al paladar.

 

Virutas de almendra y foie gras, con miel, vainilla y miso. De este plato no puedo opinar, porque el foie es algo con lo que no puedo… Así que decía gustosa mi plato a mi acompañante, que adora este plato y por supuesto, no se quejó.

 

El siguiente plato fue de mis preferidos. Nos pusieron en la mesa una caja china de madera negra y papel, que al destaparla… voilà! En el centro había un pan chino relleno de anguila asada y wasabi, sabrosísimo, jugosísimo y todos los “ísimos”. La anguila me parece un manjar, y este plato fue una delicia…

 

Con el sabor en la anguila todavía en el paladar nos trajeron el siguiente plato: arroz de atún, guisote de tomate mediterráneo, ventresca y aire de queso Pecorino romano. En mi opinión otro de los mejores platos, y la calidad de la ventresca, sin palabras…

 

Siguió otro plato de mar, rodaballo y percebes asados con algas y berenjenas. Sabroso y con una presentación cuidadísima, aunque no fue uno de los mejores platos en mi opinión, quizá porque los percebes no me entusiasman.

 

Era el turno de las carnes, y que comenzó con una infusión de cordero servida en una taza con forma de piña. Sí sí, ¡una infusión de cordero! Media hora antes nos habían puesto un recipiente con cordero desecado y agua para infusionar, y el resultado era esta bebida extraña pero con un sabor riquísimo si te gusta esa tipo de carne. Yo me la bebí enterita.

 

Después llegó otro plato de cordero, unas costillitas de cordero lechal, asadas, curadas y desecadas, acompañadas de unas deliciosas alcachofas confitadas, brotes de pino, cuajada de pistrillos y jugo caramelizado.

Tras este despliegue de sabores, técnicas de cocina y contrastes de texturas, llegaba el turno de los postres, en plural. El menú del restaurante ABaC incluía tres postres que me moría por probar como buena amante del dulce.

Primero llegó este postre servido encima de ¿un cojín? Por algo se llamaba “almohada de camomila, leche y barquillo con toques cítricos y suavemente especiados“. No sabría deciros exactamente qué es, porque nos es un helado, ni una tarta, ni un bizcocho, ni una especie de yogur… Pero estaba delicioso.

 

El siguiente postre fue quizá el que más me gustó, por su increíble sabor a chocolate y las distintas texturas que había en el interior. Era la “caja frágil de chocolate“, que se rompía con la cuchara y escondía un interior frío y cremoso, con leche y chocolate. Un postre súper goloso del que me habría comido diez más.

 

Como último postre nos trajeron unos cuantos mini platitos con diferentes dulces, que fueron colocando en un adorno metálico que había decorado nuestra mesa desde el principio.

Era una flor de calabaza en metal, sobre la que colocaron todo lo que veis abajo y más: unos cubitos de chocolate con menta, fresas caramelizadas con sabor a piruleta, minitableta de chocolate con café, nubes de violeta, mini cheesecake, bolitas de chocolate con amaretto y el más original, ¡un pintalabios de remolacha!

Después de todos estos platos entenderás por qué nuestra comida duró casi tres horas. Porque al restaurante ABac se viene a comer sin prisas: disfrutando de cada plato que llega a tu mesa, observando cómo lo sirven, fijándote en la preciosa vajilla creada a imagen y semejanza para cada plato.

Los platos del ABaC no tienen filigranas sin sentido, ni buscan la espectacularidad gratuita. Son platos cocinados con precisión y que sacan a relucir lo mejor de cada ingrediente, sin salsas o condimentos excesivos que los disfracen. Me pareció un menú que realza la gastronomía mediterránea, respetando mucho los productos locales y que satisface tanto a comensales más conservadores como a los vanguardistas.

 

Restaurante ABaC, comer en un tres estrellas Michelín

Dirección: Avda Tibidabo, 1. Barcelona
Horario: lunes a domingos de 13:00 a 16:00 h y de 20:30 a 23:00 h.
Teléfono: 933 196 600
Precio medio: 155-185 euros/persona.
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28 ENERO 2017
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