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Can Cortada, un restaurante en un antiguo castillo

La entrada a Can Cortada impresiona. Este restaurante ocupa un antiguo castillo del siglo XI que forma parte del Patrimonio Artístico de Barcelona y que en su interior tiene una torre de defensa con más de 1000 años de historia.

Desde 1994 el Grup Travi lo convirtió en un restaurante donde disfrutar de comida tradicional mediterránea, perfecto para ir en familia, en pareja o con amigos. Nos encantaron sus acogedores salones y su privilegiado jardín, donde se pueden hacer celebraciones de todo tipo. ¡Un sitio precioso!

Nos reservaron una mesita en una de las esquinas del salón principal, desde donde veíamos el enorme espacio con paredes de piedra antiguas que le dan muchísimo encanto. Christian, fue quien nos explicó la historia del restaurante y nos recomendó algunos platos de la carta, que fueron un acierto total.

Pedimos, gracias a su consejo, estas maravillosas croquetas caseras de jamón ibérico. Cuadradas y desiguales, con un intenso sabor a jamón. Deliciosísímas, de las mejores que he probado.

También pedimos estas patatas al horno rellenas de bacalao y cubiertas de alioli de crustáceos. El relleno era una especie de puré cremoso de patata y pescado, coronado con una gamba cubierta de alioli granitado. Muy cremosas y sabrosas, pero también contundentes… ¡y todavía nos quedaba muchísimo por probar!

Como plato principal yo pedí un bacalao a la brasa con verduras y romesco. Bien desalado y jugoso, cubierto de una salsa romesco muy suave, que no disfrazaba el sabor del pescado.



En la carta de Can Cortada veréis que su especialidad son los platos a la brasa de encina, especialmente las carnes. Por eso mi acompañante pidió una de las recomendaciones: el cordero cocinado 12 horas con patatas, cebolla y tomate. Un plato delicioso, que me recordó a mis veranos en León, donde cocinan el cordero mejor que nadie. Muy recomendable.

De postre elegimos la tarta de manzana con helado de macadamia y canela, recomendación de la carta y que se debe pedir junto con los primeros platos. Una tarta finita nada pesada, que fue un alivio después de semejante comilona.

Para próximas visitas ya eché el ojo a otros postres golosos, como la leche frita o el surtido de pasteles artesanos, que de hecho podrás ver en una mesa central expuesta en el salón. Todo un desafío para los amantes del dulce (a mí me costó no tirarme encima).

Pero aún quedaba un último dulce, unas deliciosas catanias de Italia que nos trajeron junto con el café. MMMMmmmm! Riquísimas y muy viciosas.

Nos encantó todo lo que probamos y creo que es un restaurante al que traeré a mis padres la próxima vez que me vengan a visitar a Barcelona. La carta es muy variada, muchas opciones de carne, pescados, arroces y pastas caseras.

Cuando ya estábamos cruzando el portal de salida, Fermín, el aparcacoches del restaurante nos asaltó con una pregunta “¿conocéis la historia de este sitio?” Y con su enorme sonrisa nos la explicó y nos acompañó hasta un túnel secreto que hay por debajo del castillo, construido para escapar de posibles invasiones. “Aquí vamos encerrando a la gente que no paga”, nos dijo sonriendo.

Y nos acompañó de nuevo hasta la salida, ofreciéndose a hacernos una foto para tener un recuerdo de este día. Un tipo encantador de verdad, que nos conquistó con su amabilidad y alegría. ¡Volveremos sin duda!

 

Restaurante Can Cortada, cocina mediterránea

Dirección: Av. de l’Estatut de Catalunya, s/n. 08035, Barcelona
Horario: lunes a domingo de 13:30 a 16:00 y de 20:00 a 23:00 h. Abierto todo el año
Teléfono: 934 27 23 15
Precio medio: 30-40 euros/persona.
 
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28 ENERO 2017
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